Día de las Letras Canarias manifiesto…

Como celebro (y no poco) el Decreto 223/2005, de 13 de diciembre, por el que se declara el día 21 de febrero de cada año “Día de las Letras Canarias” (expuesto en el número 248 de nuestro canario boletín oficial, publicado el miércoles 21 de diciembre de 2005) porque, por un lado, no puedo estar más de acuerdo con el propósito que persigue la jornada

[«reconocer la labor llevada a cabo históricamente por los autores canarios dedicados a esta parcela de la cultura, así como fomentar el hábito de la lectura mediante actos culturales específicos tales como la organización de exposiciones, ciclos de conferencias y demás actividades que puedan contribuir a la promoción y difusión de la literatura canaria»]

y, por el otro, porque percibo cada edición como una felicísima oportunidad para ofrecer mi particular agradecimiento a la personalidad homenajeada (sobre todo cuando, por vaya uno a saber qué razón, es posible,  probable, que el egregio nombre de memorable trayectoria poética no haya sido atendido como se merece por un servidor, incumpliendo de este modo con las exigencias que demandan las condiciones de entregado lector, filólogo impertinente e impenitente curioso que procuro cultivar)

[en 2006, Viera y Clavijo; en 2007, Cairasco y Viana; en 2008, Pérez Galdós; en 2009, Mercedes Pinto; en 2010, María Rosa Alonso; en 2011, Tomás Morales; en 2012, García Cabrera; en 2013, para mi sorpresa, pues el artículo 2 del citado decreto habla de una «personalidad diferente» para cada año, nuevamente Viera y Clavijo, dando así la impresión de que nos faltaban autores ese año que celebrar; en 2014, Millares Sall; en 2015, Maccanti; en 2016, Lezcano y, finalmente, en 2017, en la edición más especial de todas para un servidor, Rafael Arozarena];

y como celebro (y mucho), repito, la decisión gubernamental (que lleva las firmas del Consejero de Educación, Cultura y Deportes de entonces, Isaac Cristóbal Godoy Delgado, y del que fuera Presidente del Gobierno autonómico, Adán Martín Menis), fue inevitable que recibiese con abrumadora alegría el visto bueno del departamento didáctico al que pertenezco en el IES José Zerpa para que yo pudiese impartir el pasado curso académico la asignatura de Literatura canaria porque, entre otras razones, vi en la designación una ocasión pintiparada para contribuir con la mentada celebración anual haciendo partícipe al maravilloso alumnado que me tocó en suerte,

[a saber: Natacha Alemán Monzón, Victoria Corti Arce, Diana Fleitas Rodríguez, Alejandro Franco Morales, María García Quesada, Paola García Suárez, Yaiza Ortega García, Andrea Ortega Santana, Ainhoa Ramírez Gil, Celia Rodríguez Socorro, Angie Ruiz Garcés, Kiara Santana Monzón, Rocío Santana Trujillo, Paola Suárez Cardona, Paula Torres Vega, Raquel Valido Martín y Daniel J. Santana Valerón]

como así se hizo y quedó testimoniado en el acto de homenaje a Rafael Arozarena celebrado en la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias el jueves 23 de febrero de 2017, para cuya ocasión, y pensando en la celebración que nos reunía y que nos convoca todos los 21 de febrero, compuse un manifiesto que recitaron Rocío Santana Trujillo y Victoria Corti Arce, quienes, gracias a su talento, iluminaron la lectura de unos versos que aquí y ahora, en esta feliz tribuna de El tribuno, te muestro prosificados y que así dicen:

Con la compañía del tiempo vestido de escrituras y de sonidos, a quienes lean esto o esto oigan, nos dirigimos. Nos guían las palabras labradas en esta tierra que encandila; las que navegan, para hacernos islas, en el océano que nos abraza; las que nos arrullan los alisios en el cielo que nos envuelve.

A quienes esto oigan y lean esto, nos dirigimos para pedirles que no dejen de escuchar ni de leer, que no dejen de escribir ni de hablar, sobre Canarias, para Canarias, desde Canarias. No dejen de mostrar lo que somos: literatura cotidiana recitada en nuestros quehaceres; literatura de las emociones, los sentimientos, que todos los días componemos en miles de párrafos y estrofas que se simplifican en una totalidad llamada Canarias.

Por eso pedimos que fluyan las palabras que hablan sobre nosotros y que nos ayudan a pensar en el futuro leyendo sobre las tablas los verbos del pasado. Que no se silencien las palabras con oropeles de leguleyos, que no tropiece la poética con muros legislativos. Que la llamada del humanismo al sentimiento y la ciencia permita que nuestras palabras de literatura cotidiana y emocional sean la oración diaria con la que hemos de bendecir nuestros aularios y a nuestros alumnos, nuestras calles y a nuestros ciudadanos.

Pedimos que no se silencien nuestros sonidos ni nuestras letras porque del pueblo son y del pueblo somos. Nuestras son sus palabras y las nuestras para ellos son. Y que nuestros hijos y nuestros nietos sepan que son herederos de la palabra, de ese patrimonio literario que sus padres y sus abuelos aprendieron y conservaron para poder ser guiados por las labradas palabras que encantan esta tierra; por aquellas que navegan, para hacernos islas, en el océano que nos abraza; por las que usan los alisios para arrullarnos con calidez bajo el atlántico cielo.

Protejamos el mayor tesoro que poseemos los canarios: la palabra de los nuestros que da forma a la realidad que nos identifica; aquella en la que nos educaron, aquella en la que educaremos a nuestros hijos para que hagan lo mismo con nuestros nietos.

Llenemos las calles de literatura, alumbremos los corazones de vocablos hermosos. Que no cese nunca el día de hoy, que todos sean homenajes ofrecidos a las Letras Canarias, así, en mayúsculas, como debe ser como nunca debería dejar de ser. Universalicemos aquello que nos universaliza. Difundan la palabra, compartan la palabra, sientan la palabra y defiéndanla con el mismo amor con el que la palabra pasa de un “yo” a un “nosotros”, de un “ayer” a un “siempre”.

A los que lean esto y esto oigan, nos dirigimos; y, sobre todo, a quienes pueden hacer que lo leído y lo oído sea, por todos, oído y leído. Por favor, luchen por que no se silencien ni se desprecien, no se minimicen ni se compadezcan, no se negocien… las palabras que reconocemos y en las que nos reconocemos. Que no deje nunca de darse este día; que no dejen nunca de proclamarse nuestro agradecimiento a quienes nos han embellecido con la hermosura de sus palabras guiadas por una luz llamada Canarias.

Como celebro (hasta el paroxismo), insisto por última vez, la existencia de este acontecimiento literario anual, es inevitable que me sienta contrariado, disgustado, molesto… cuando esta defensa tan loable, necesaria, justa… de nuestras más cercanas letras, tanto en lo físico como en lo emocional,

[vista la admirable protección desde la perspectiva de quien ha estado al frente de una bellísima asignatura cuyos fundamentos, expresados en el borrador del currículo, hablan del «derecho y el deber del alumnado de conocer el patrimonio literario de las Islas, desde los orígenes hasta las últimas promociones narrativas, líricas y teatrales» y, citando a Juan Manuel Trujillo, destaca su certera afirmación «Canarias se ignora e ignora que se ignora» para concluir que «de ahí que esta materia sirva al propósito pedagógico de descubrir y describir, a través de la lectura, del análisis y de la creación de textos, una experiencia de aprendizaje que, por un lado, propicie el conocimiento en creatividad y, por   otro,   genere   estrategias   transtextuales   en   diálogo   con   otras   tradiciones   y   otros   lenguajes artísticos en busca del enriquecimiento del bagaje cultural»]

se ve bloqueada, limitada, sesgada…, quizás de manera involuntaria, quizás después de haber hecho todo lo posible por que así no fuera, por los mismos agentes que la promueven, quienes, pensando en el sector del libro y considerando los beneficios que proceden del cultivo de hábitos lectores, no terminan de conectar estos pensamientos de una manera más efectiva, fructífera, coherente… con el sistema educativo canario, permitiéndose que el Jardín de las Hespérides educativas, donde tres Gracias deberían danzar libremente (Literatura canaria, la que me interesa especialmente; Historia de Canarias y Medio natural canario), se convierta, por mor de la presencia de un polizón (Religión católica), en un paraje donde prevalece el espíritu “mercantil” antes que el propio de las primaveras intelectuales, donde la luz y las fragancias envuelven el preciado conocimiento desde el que se forjarán la autonomía, la madurez y el pensamiento crítico.

Coda. Pregunté donde debía por esta presencia adversa, por este ente en el horario escolar de un centro público que respondía a un romano acuerdo de 3 de enero de 1979 entre España y la Santa Sede, por esta inadecuada y (acepto que es un exabrupto) antipedagógica presencia, y me dijeron quienes del tema sabían que, bueno, que al menos, gracias a la libre configuración, se podían dar a elegir las tres Gracias, y que ofertar Religión era obligatorio; y pregunté… y me dijeron que contaba la nota de estas asignaturas para la media y que ya se sabe… la EBAU, la nota de la etapa…; y volví a preguntar… y me dijeron que lo mejor que se podía hacer para que los alumnos escogieran como optativa “Literatura canaria” era asegurarles desde 1º de bachillerato que el diez era coser y cantar, que formalizasen la matrícula de segundo con la tranquilidad de saber que obtendrían la máxima calificación, que no les examinase nunca, que dejase a un lado eso de la dignidad de la materia y de las fronteras que separan el cinco del diez; y quise preguntar por último… y me dijeron: “Claro que no, la mayoría o son ateos o pasan bastante del tema, la mayoría, pero la nota es la nota y en segundo… ya se sabe”. Pues, vale, me dije releyendo el Decreto 223/2005, de 13 de diciembre, por el que se declara el día 21 de febrero de cada año “Día de las Letras Canarias”, expuesto en el número 248 de nuestro canario boletín oficial, publicado el miércoles 21 de diciembre de 2005, que (y no poco) celebro.