Ya queda menos…

Ninfas y pastores de Henares

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Estamos seguros de que cuando en 1587 Bernardo González de Bobadilla tuvo en sus manos un ejemplar de la que hemos reconocido como única obra conocida suya, Ninfas y pastores de Henares, no se imaginó, ni por asomo, que su novela pastoril, impresa con bastantes erratas en la casa de Juan Gracián, la misma que dos años antes hizo lo propio con La Galatea cervantina, pasaría desapercibida para los lectores del momento; ni que sería objeto de menciones con evidente carga de menoscabo por parte de Cervantes en la primera parte del Quijote y en el Viaje del Parnaso.

Tampoco pudo hacerse a la idea de que serían estos ataques del alcalaíno los que harían pervivir su nombre y el de su obra a través de la historiografía literaria de los cuatro siglos siguientes, que, todo hay que decirlo, no ha sido mucho más benévola con este, como se apunta en la portada de su ópera prima, estudiante salmantino «natural de las nombradas islas de Canarias», como declara en el prólogo sin que hasta ahora haya sido posible verificar ni su oriundez ni su condición estudiantil.

Estamos convencidos de que jamás llegó a plantearse que su obra, pasada por el filtro de las centurias y el polvo de los olvidos y desdenes, pudiese ser objeto de un precioso ejercicio editorial en forma de facsímil de tirada limitada que trescientos noventa y un años después de esa primera vez que tuvo un ejemplar en sus manos realizaría un insigne profesor e investigador grancanario, el Dr. D. Antonio Cabrera Perera; ni que fuese este Maestro, con mayúsculas, quien forjase en el discípulo que más le admira y aprecia la voluntad y el estímulo para dedicar varios años de su vida a la suya; y, con ello, a esta novela que ahora, cuatrocientos veinticuatro años después, editamos como estación final de un largo viaje que ha terminado por dejarnos exánimes, aunque la trayectoria, por su liviandad, les mueva a considerar que se hizo este con ligereza y sin fatigas.

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Esta es una edición paleográfica anotada de Ninfas y pastores de Henares; en consecuencia, se ha reproducido fielmente el texto de la primera edición, la de 1587, y se ha incorporado un extenso aparato anotador al final del preliminar y de cada uno de los seis libros que componen la obra de González de Bobadilla.

Desde que vio la luz, nuestra obra solo ha sido editada en dos ocasiones: la primera vez, ya lo hemos apuntado, en 1978, cuando se publicó en facsímil gracias al profesor Cabrera Perera y, como entidad editora, a la Biblioteca Pública Insular de Las Palmas de Gran Canaria; la segunda edición tras la princeps fue la versión modernizada con anotaciones que, bajo la dirección del citado profesor, realizamos para nuestro proyecto de tesis doctoral en el año 2003.

La edición paleográfica que nos ocupa representa de alguna manera la unión de estas dos: por un lado, contiene el mismo texto literario que se leyó en el siglo XVI sin manipular y, por el otro, se complementa la lectura con notas y referencias que pueden ser de interés para los investigadores o interesados en el tema.

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Mala suerte, sin duda, Bernardo, has tenido, pues soñar pudiste, cuando tus Ninfas se hallaban contigo, que algún galardón merecían y no la entrega de años al servicio de esta, mi causa, que sobre ti y tu legado muy poco bien ha debido producir a tenor de la demostrable pobreza de mi discurso y la evidente cortedad de entendimiento que he mostrado en cuantas industrias sobre tu Arcadia del Henares he fundado. Debes reconocer, eso sí, el denuedo con el que me he dedicado en todo este tiempo a ti; mas, como muy bien se dice en la salmantina institución, que se supone conociste: lo que natura no da, etc. El telón a lo que pudo ser épico de trágica forma ahora pongo, Bernardo. He hecho cuanto he podido. Si en alguna de mis empresas he logrado rescatarte del olvido, bien; si alguna atención sobre tus Ninfas he logrado despertar, mejor; pero mucho me temo que mala fortuna te ha sombreado esperando que a ti, ciega o tuerta, viniese la justicia, pues mal juez he sido: tus versos endebles no he sabido enderezar; tus sugerencias he despistado; tus intenciones, desconocido; y claro tengo que, tras este naufragio, donde quiera que estés obrará en tu voluntad que sigan ocultos tus folios durante más tiempo y que de ellos me olvide para no seguir estropeándolos más. Solo queda ahora la esperanza de que sean otros quienes consigan ese premio que tus sueños reclaman y que yo, exhausto, no he sabido alcanzar. Silénciese, pues, ahora, para siempre, mi tosca zampoña; que se enmudezca «hasta que tan bellas ninfas y tan gallardos pastores en estilo más grave y más sonoro acento se eternicen». Amén.
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Fragmentos de la introducción y epílogo de la edición de Ninfas y pastores de Henares de Bernardo González de Bobadilla (1587) publicada por el autor de este artículo en Anroart Ediciones en diciembre de 2011 (ISBN 978-84-15148-74-6).


Artículo publicado en Teldeactualidad