Dos notas sobre un derrocamiento

Nota 1. El oportunismo…
Todos sabían que al Rey cazar le place y que su placer no es una frivolidad de última hora que pudo nacer de la probable ociosa impresión de que ya ha hecho cuanto tenía que hacer y cuanto de él se esperaba: engendrar un heredero que continúe la dinastía y mantener lo más inviolable posible la institución de la monarquía, aunque se instaurase en España como se instauró y lo hiciese de la mano de quien lo hizo.

Todos lo sabían, incluidos los representantes de la organización para la conservación de la naturaleza WWF España, quienes, supongo que movidos por una estrategia de mercadotecnia (los niveles de popularidad de la monarquía en España están por los suelos por mil y una circunstancias), han decidido cuestionar la presidencia honorífica del monarca en la organización, a pesar de que lleva en ella desde hace 44 años y que las aficiones por la montería del rey (sin juego de palabras, ¿vale?) ya han dado de sí otros titulares semejantes al de los últimos días, como nos recuerda Jesús Mosterín en su magnífico artículo “La real gana de matar” (El País, 18/04/2012): «En 2004, por ejemplo, pagó 7.000 euros para matar en Polonia uno de los últimos bisontes vivos que quedan en Europa.

En octubre de ese mismo año, la agencia Abies Hunting le organizó un viaje privado para matar osos en los Cárpatos. El Rey se hospedó en el antiguo chalé del dictador Ceausescu, y se dio el gustazo de abatir a tiros a cinco osos y otros animales protegidos. El escándalo estalló en la prensa rumana y rápidamente fue difundido a través de Internet. Apenas tres meses después, en enero de 2005, la prensa austriaca dio a conocer una nueva cacería de don Juan Carlos, llegado expresamente en avión privado a Graz con la correspondiente comitiva de guardaespaldas. En 2006 estalló el escándalo de la caza en Rusia de Mitrofán, un pobre oso del zoo local emborrachado con miel y vodka y puesto delante de don Juan Carlos para que lo disparase. La noticia de que el rey de España había ido hasta Rusia en avión especial a matar a un oso drogado enseguida dio la vuelta al mundo».

Conclusión: que el noble propósito de WWF España de cuestionar la presencia entre sus filas de alguien que disfruta con la matanza de animales deja de ser tal cuando hasta ahora la institución ha callado consciente del beneficio (no sé muy bien cuál) que le reportaba contar con la real figura al frente de su organización. En 1968, don Juan Carlos era una figura emergente y valía la pena hacer uso de ella para los fines de la entidad; en 1981, tras los sucedido el 23-F, seguro que WWF o como se llamase entonces no dudó en difundir a diestro y siniestro el honor de contar con la presidencia del Rey; ahora, tras la repercusión que ha tenido el incidente de Botsuana (ojo, la dirección de WWF España ha saltado tras las quejas de sus socios y no de oficio, como era de esperar de los responsables de una organización garante de la conservación de la naturaleza), decide que puede cuestionarse a la que hasta ahora ha sido considerada de manera arbitraria como figura intocable.

Nota 2. La metáfora…
Mas, con toda la incoherencia y el oportunismo a cuestas que representa la posición de WWF España, habría que considerar lo que representa el citado cuestionamiento. Echar al Rey de una organización que preside, aunque sea de manera honorífica, puede ser una señal de que la ya mentada inviolabilidad institucional se ha fracturado de manera irreversible, pues la expulsión cabría interpretarla como una manera de deshonrar a quien atesora la jefatura del Estado español. Si la suma de presidencias, honores, distinciones y reconocimientos engrandece al individuo, ¿qué representa la resta?

Lo más probable es que el “cortesanismo” nacional (desarrollado por casi toda la clase política y buena parte de la prensa actual) logre blindar al monarca y crear una aureola de inocencia que convierta lo sucedido en un hecho meramente anecdótico, lo que traerá consigo cierta paz al Rey en los años de vida que le reste, pero no impedirá que, a los ojos de las generaciones posteriores a la transición, la institución monárquica siga con fisuras cada vez más profundas ni que el futuro Felipe VI no tema que, como a su bisabuelo, un día le den hasta la noche para abandonar el país.


Artículo publicado en Teldeactualidad

Un comentario sobre “Dos notas sobre un derrocamiento”

  1. Ciertamente se podría ver su entusiasmo en el trabajo que usted escribe en vss.sadalone.org. El mundo espera aún más apasionados escritores como usted, que no tienen miedo de decir lo que creen. Siempre sigue a tu corazón.

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