Lecturas civiles

Lecturas civiles

 

Nombre del libro: Lecturas civiles. Fecha de publicación: junio, 2012. Editorial: Beginbook. Dedicatoria explícita: «A mis alumnos, a los alumnos»; dedicatoria implícita y agradecimiento explícito: a mis particulares historiadores de cabecera, que me han ayudado con su trato, sus afectos, sus cosmovisiones y, sobre todo, sus conocimientos a descubrir el valor de los textos (a saber: Juan Miguel Ramírez Benítez, Juan Antonio Brito Curbelo, Carmelo J. Ojeda Rodríguez, Juan Manuel Betancor León, Fernando T. Romero Romero, Ezequiel F. Valencia Santos, Agapito Polo Hernández y, cómo no, Jorge A. Liria Rodríguez). Contenido del libro: edición de la Carta de las Naciones Unidas (selección), Declaración Universal de los Derechos Humanos, Declaración de los Derechos del Niño y Constitución de 1978 (selección). Destinatarios explícitos: alumnado de la ESO, PCPI y Bachillerato; Destinatarios implícitos: por un lado, todos los que sientan curiosidad por conocer una parte de las reglas de juego de nuestra actualidad y, por el otro, cuantos sientan interés por la obra tras la lectura de esta…

INTRODUCCIÓN:

Primero fue la guerra y con ella se perdieron la vida y la libertad; luego, el miedo a la guerra, que a la libertad usurpó su razón de ser; más tarde, la paz, que a la libertad tuvo entre sus manos; y, por último, el miedo a perder la paz, que nos mueve a luchar por mantener la libertad conseguida. Conclusión: no basta con que disfrutemos de la paz y de la libertad, hemos de temer su pérdida porque solo así seremos cuidadosos. La paz y la libertad son como las obras de arte: gozamos de su contemplación y, conscientes del pesar que supone su pérdida, ponemos todos los medios a nuestro alcance para conservarlas; luego, cuando la integridad de la pieza está más o menos garantizada, podemos evaluar la conveniencia de su difusión. Ese espíritu de conveniencia es el que me ha guiado para la composición de este libro: el tesoro de la paz y de la libertad está custodiado en los principios rectores de los textos que te ofrezco; los años y los acontecimientos históricos transcurridos desde sus diferentes promulgaciones acrecientan su integridad y, con ella, la dependencia que nuestros tiempos tienen de lo protegido.

Es posible que los cuatro documentos que componen este volumen de «Lecturas civiles» no pertenezcan al grupo de textos adecuados para descubrir el goce de la lectura. Es probable, también, que puedan resultarte, en unos casos, aburridos y, en otros, incomprensibles; o, como no puede ser de otro modo, que ambos casos se den a la misma vez y que, en consecuencia, te preguntes en este momento lo siguiente: «¿Y para qué voy a prestarle atención a un libro que quizás no entienda y que probablemente me aburra?». Leer es un acto de aptitud (que en el mayor grado posible te presupongo) y de actitud: hay que tener una predisposición adecuada para que los textos no se nos resbalen de las manos y terminen en el sumidero de nuestro abatimiento. Para leer hay que tener motivos y uno que muy bien te podría sugerir para este libro que tienes en tus manos, de los varios que puedo ofrecerte, es el de la «curiosidad». Este libro, bien enfocado, puede que te resulte curioso (y procurar la satisfacción de una curiosidad ya es en sí un ejercicio de entretenimiento).

Otro motivo que podría resultarte estimulante para no ver con malos ojos el contenido de las próximas páginas es el de la «utilidad». Vivimos en un mundo organizado, aunque se nos presente desordenado. Pertenecemos a una sociedad mejorable, sí, pero inmejorable a como era antes de la existencia de los cuatro indispensables documentos que tienes en este libro, que ha sido concebido con la idea de mostrarte algunas reglas de juego vigentes en el contexto vital en el que participas: por un lado, para que sepas cómo se ha tratado de configurar ese mejor mundo posible que habitas; y, por el otro, lo que es más importante, para que aportes tu granito de arena y contribuyas a que prospere más de lo que ya lo ha hecho.

Ya tenemos dos motivos que pueden suplir la posible falta de pasajes divertidos o lúdicos en este libro de cara a la actitud que debería mostrarse hacia él: su «utilidad» puede despertar tu «curiosidad». Vamos a por el tercero, que entronca con lo que te apunto hacia el final del primer párrafo: las «buenas intenciones» de mi ofrecimiento. Te imagino ahora haciendo una muestra de extrañeza y preguntándote por lo bajo: «¿Buenas intenciones en su ofrecimiento?». Sí, buenas intenciones…, lo que no tiene que hacerte concluir necesariamente que este libro sea efectivo, competente, apto, etc., para la obtención de los objetivos que he previsto con su lectura y uso. Cuando termines de manejar este libro, quizás quepa el acusarme de negligente, mas no creo que deba omitírseme el calificativo de bondadoso, que, con mi vida en la mano, solo debería ser utilizado en este caso que nos une y gracias al deseo de compartir contigo, de la manera más pedagógica posible, estos escritos, de los que rezuman las dos palabras más importantes de la humanidad: la paz y la libertad.

De las muchas cosas que soy (y olvidándome con pena de las que me gustaría ser), hay dos de las que me siento muy orgulloso: soy docente y ciudadano; o, por ser más preciso, un ciudadano que ejerce la docencia; o, visto desde otra perspectiva, un docente que busca traspasar los límites de su materia, cuya médula espinal es la Lengua y la Literatura españolas, para compartir con lo único digno de aprecio que tienen los sistemas educativos, su alumnado, aquello que considera debe perdurar en el tiempo. Mi concepto de «ciudadanía» traspasa los meros límites del empadronamiento en un municipio porque se diluye en una percepción de la realidad en la que deben brillar constelaciones conceptuales esenciales para mí, como son: la buena fe, la concordia, la convivencia, la democracia, la dignidad, la hermandad, la igualdad, la justicia, el orden, el progreso, el respeto, la solidaridad, la tolerancia, etc., y, sobre todo, la paz y la libertad. Como así considero que debe verse el mundo, así trato de mostrárselo a mi alumnado y a cuantos asuman como identificativo el término de «estudiante». Por eso he escogido los cuatro documentos que componen este libro, porque creo que, con sus defectos a cuestas, que los tienen, son los pilares que configuran (a veces de manera más teórica que práctica) el mejor de los mundos posibles. Mis «buenas intenciones», pues, deben traducirse como el propósito pedagógico de mostrar aquello que debe ser conocido para que pueda ser conservado y difundido.

Quiero que mi alumnado y, en general, el alumnado participe del sueño que ofrecen las constelaciones enumeradas porque confío en que sean ellos (o sea, ustedes; en concreto, tú) quienes mejoren con el día a día los renglones que en su momento se redactaron para proteger la Paz Mundial (en la «Carta de las Naciones Unidas»); para fijar en la conciencia colectiva el valor de la Humanidad (en la «Declaración Universal de Derechos Humanos») y del futuro de esta (en la «Declaración de los Derechos del Niño»); y para que los españoles no vuelvan a padecer los horrores de una guerra fratricida ni las consecuencias del totalitarismo posterior (suprimidos de nuestras vidas, en principio, gracias a la «Constitución» de 1978).

Mi querencia no es arbitraria ni caprichosa. Nací en 1973, empecé mis estudios primarios en 1979, en el año 90 despaché mi bachillerato y en el 96 hice lo propio con mi formación universitaria; o lo que es lo mismo: nací en los estertores de una dictadura de casi cuatro décadas en la que nacieron, crecieron y se formaron mis padres, quienes matricularon a su primogénito en la EGB meses después de haber dicho un sí muy sonoro y emocionado a la «Constitución» de 1978, y quienes, con admirable pulso, supieron contener la adolescencia política del vástago, el cual, a golpe de «heavy metal», contemplaba la vertiginosa transformación de la historia que supuso los últimos veinte años del siglo XX. La caída del comunismo, la entrada española en Europa, el fin de la Guerra fría, la consolidación institucional de nuestra nación, la asunción de la identidad canaria como un patrimonio defendido y defendible con efectividad, el «Live Aid» (con Queen a la cabeza) y el «We Are The World» de Michael Jackson y Lionel Richie, el auge de nombres propios para una historia de la humanidad (Reagan, Gorbachov, Wojtila, Thatcher, Arafat, Suárez, González, Juan Carlos I…), el nacimiento de la informática doméstica y del entrañable MS-DOS, etc., fueron algunas de las piezas del enorme puzle finisecular que terminaron por ayudarme a construir una imagen del mundo que considero ajustada.

Como el conocimiento del mundo permite concebir su mejora, me preocupa, cada vez más, la sensación de que a las generaciones escolares actuales (con el desinterés institucional por el ofrecimiento) se les haya usurpado la crudeza de la realidad con edulcoradas versiones del presente y vaporosas exposiciones del pasado. No es lógico que en la era de la información cunda la desinformación; que en la era de las redes sociales, los dispositivos portátiles y la inmediatez se active en la conciencia de los llamados a encabezar el mejor siglo de la humanidad (la juventud del siglo XXI) un dispositivo de desinhibición por las nociones del mundo que les rodea, entre ellas las que representan los cuatro documentos que componen este libro, que mi generación no conoció en la escuela, sino gracias, por un lado, a la capacidad de los medios informativos por destacar su importancia y, por el otro, a la conciencia social, que permitió su difusión: antes, en dos canales de televisión (o uno y medio, según se mire) se hablaba de la «Constitución» o de los «Derechos Humanos»; ahora, disponiendo de treinta canales, apenas se nombran.

¿Qué ha fallado?; o, por hacer más trágica la duda: ¿falla algo? Es posible que lo que yo interpreto como estado comatoso de la conciencia social (o sea, el mantenimiento con las mínimas funciones vitales de los patrones de convivencia y progreso) no sea más que mi interpretación errónea de la realidad; que nuestra juventud atesore la firme voluntad de un mundo mejor gracias a los pilares que representan, entre otros testimonios, los cuatro textos fundamentales de este libro, escritos bajo la sanguinolenta memoria de los caídos en las guerras y los totalitarismos; y que exista la asunción clara por tu parte (o por la de ustedes; o, en general, por la de mi alumnado y el alumnado) de que eres muchas cosas que no has podido escoger voluntariamente porque perteneces a una sociedad que te obliga a tener vecinos y reglas civiles que conservar, lo que te autoriza a exigirle los derechos que te otorga y cumplir con los deberes que te demanda: formarte académicamente en tus primeros años para que puedas tener el mejor futuro posible, para que seas un buen ciudadano y un excelente ser humano, y para que puedas transmitir a tus hijos (y estos a tus nietos) los valores adecuados de convivencia y progreso que tu familia, la escuela, tus amigos; en suma, el mundo que te rodea, te han inculcado.

Si todo lo apuntado es así, mi visión de lo que considero que ocurre es errónea y, por lo tanto, es probable que no necesites este libro, porque no te resultará curioso ni útil, aunque haya sido realizado con la mejor de las intenciones.


Noticia publicada en Teldeactualidad.