Entrevista sobre ‘Lecturas civiles’ en Teldeactualidad

ENTREVISTAS -09/09/2012 – Actualizada a las 12:44

Victoriano Santana: «Mi libro ‘Lecturas civiles’ ayuda a los alumnos a conocer nuestra realidad social»

El profesor teldense acaba de sacar una nueva publicación con documentos históricos. 

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Lecturas civiles es el último libro Victoriano Santana Sanjurjo; el vigésimo, si se atiende a lo que se indica en su página web: www.sadalone.org. Se ha publicado hace unos días a través de la editorial Beginbook y cuenta con ilustraciones realizadas por su hermana Nuria, una artista muy presente en su bibliografía.

La obra es una edición de la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración de los Derechos del Niño y la Constitución de 1978. Estos documentos históricos se han complementado con actividades y explicaciones dirigidas fundamentalmente al alumnado de la ESO, PCPI y Bachillerato; aunque, tal y como nos apunta su autor, cualquiera que tenga un mínimo de curiosidad por conocer estos documentos y reflexionar sobre su significado es un destinatario ideal.

– La primera pregunta es de obligado cumplimiento: ¿por qué este libro?

– Ante todo, porque como docente lo echaba de menos. Necesitaba que existiese un libro como este porque todos los años busco la manera de que mi alumnado acceda a la Declaración Universal de los Derechos Humanos o a la Constitución española, por citarte dos ejemplos, y que lo haga de una manera más o menos singular, para que quede destacado este acceso con respecto al resto de los contenidos que les imparto. ¿Que por qué lo hago? Pues porque considero que su conocimiento es esencial para que entiendan cómo está configurada nuestra realidad social, evalúen los incumplimientos que se hacen de sus articulados y asuman que, como ciudadanos del siglo XXI, tienen una obligación moral de contribuir con la sociedad que les protege aportando su granito de arena al desarrollo y consolidación de lo que significan estos documentos. Para que puedan dar lo mejor de sí, primero deben saber qué es lo que pueden dar, cómo se puede dar, a qué se le está dando y por qué. Todas estas preguntas trato de responderlas en el libro.

– ¿Puede verse como una respuesta al deseo gubernamental de suprimir «Educación para la ciudadanía»?

– Alguien me comentó algo parecido cuando tuvo este libro en la mano. Yo no creo que sea la respuesta a esta lamentable supresión; entre otras razones, porque considero que la valía de los documentos de Lecturas civiles está muy por encima de los límites que abarca cualquier materia educativa. ¿Por qué un compañero de Biología o de Matemáticas no puede sentir la necesidad, a través de su particular código deontológico y percepción de ciudadanía, de compartir con su alumnado los propósitos de paz mundial expuestos en, por ejemplo, la Carta de las Naciones Unidas? La Constitución que protege al docente de Automoción es la misma que hace lo propio con el de Administración o Comercio, ¿hasta qué punto los docentes especializados en estas familias profesionales pueden mantenerse al margen de compartir con su alumnado los derechos fundamentales que recoge nuestra Carta Magna? ¿Qué docentes no aprecian la importancia que tiene la protección de los menores, nuestro futuro, expuesta en la Declaración de los Derechos del Niño? En suma, creo que Lecturas civiles se aleja de cualquier pretensión política para ceñirse al fin social expuesto, en forma de gran objetivo, en la contracubierta del libro.

-¿Se ocupa el actual sistema educativo de que nuestros estudiantes conozcan los documentos históricos que aparecen en Lecturas civiles?

-A su manera, sí se ocupa. Los contenidos curriculares de algunas áreas de conocimiento ya reflejan la necesidad de hablar de estos textos, pero nunca de manera singularizada, nunca de forma destacada, sino como parte de un conjunto de unidades pedagógicas que podrán o no darse en su totalidad, en función del desarrollo del curso académico, y que a veces parecen formar parte de un conjunto teórico de reliquias del pasado. En este sentido, creo que a nuestros escolares se les da una pincelada tan superficial sobre la existencia de estos textos que terminan despersonalizándolos y situándolos al mismo nivel que, por ejemplo, el descubrimiento europeo de América o las categorías gramaticales. Me preocupa y apena que esto sea así porque entiendo que no es lo mismo «pasar por encima» en un tema especializado de un área de conocimiento que hacerlo con estos textos. A veces pienso si no se trata de una voluntad del sistema educativo por usurpar a las nuevas generaciones algo que deberían conocer por vaya uno a saber qué aviesas intenciones. No lo sé. Lo que sí sé es que sería muy beneficioso para un alumno de Secundaria que, por ejemplo, pueda concluir su formación básica teniendo un conocimiento más o menos sólido sobre lo que es la Constitución española de 1978, y no dejar esta cuestión al amparo de que se pueda o no dar en clase, o que el referido alumno pueda tener un grado excepcional de curiosidad que le mueva a indagar sobre algo que le dijeron en el instituto. Hay que articular los medios necesarios en el sistema educativo para que se garantice el conocimiento de los derechos constitucionales y, con ellos, que sea posible el aprendizaje de los deberes; y creo que hay que hacerlo porque, a mi juicio, es esencial ayudar a construir en nuestros jóvenes el concepto de ciudadanía: el cumplimiento de los deberes solidariza, la recepción de los derechos libera. La solidaridad y la libertad conducen a la paz; la paz favorece la convivencia; y la convivencia, el desarrollo, el progreso… El sino de la humanidad es el progreso, avanzar siempre en el presente sobre los corceles del pasado y rumbo al mejor futuro posible.

– De ahí el título del libro…

– Sí, efectivamente. Estas son lecturas civiles porque pertenecen por encima de todo a los ciudadanos en el más amplio sentido de la palabra, incluidos los militares o religiosos.

– Aunque estén vigentes, no me negarás que los cuatro documentos que componen estas Lecturas civiles necesitan al día de hoy de un cierto «Plan Renove», ¿no?

-Sí, claro, es posible que así sea; pero no es menos cierto que el cambio debe venir desde el conocimiento de lo que se quiere cambiar. No puedo aceptar por ilógico que los mismos que deforman y manipulan, por ejemplo, una Declaración Universal de Derechos Humanos (un numero más que significativo de los que se sientan en la ONU) sean quienes vayan a retocar, siempre para su conveniencia, el citado documento histórico; no es razonable que la Carta de las Naciones Unidas, que nació para defender la paz mundial, sea renovada o revisada por quienes al día de hoy no hacen más que torpedear cualquier atisbo de paz en el mundo; o que la propia Constitución española, que marca las reglas de nuestra actual convivencia, sea manipulada para «ponerla al día» por quienes se encargan de menoscabarla con su reiterado incumplimiento (nuestros políticos, por ejemplo). Aunque todo se ha diseñado para que los que rompan las reglas de juego sean quienes dicten nuevos reglamentos, que por lo menos no lo hagan con el desconocimiento del pueblo o sin que el pueblo sepa muy bien qué es lo que se está cambiando. Quiero que los alumnos (y con ellos pienso en nuestros jóvenes) conozcan qué es lo que hay y que reflexionen sobre cómo puede mejorarse lo que hay. Tenemos que hacerlos partícipes. Es una obligación. La pelota de nuestro futuro no puede estar siempre en los pies de los mismos jugadores. Repito, tenemos que concienciarlos, agitarlos, hacerles que piensen y que se pregunten por el mundo que quieren tener cuando sus nietos vengan de visita a verlos. Estoy seguro de que ese futuro dorado que esperan es el mismo que todos esperamos: un futuro que se construye desde el presente y se edifica sobre el pasado a partir de los quince términos clave que reproduzco en la contracubierta del libro. Nuestros jóvenes tienen que asumir que ellos nos tomarán el relevo dentro de unos años y que el mundo debe ser el que ellos quieren que sean, que, en el fondo, no es muy diferente al que queremos nosotros, al que quieren nuestros padres y nuestros abuelos, y quienes vivieron a principios del siglo XX o a mediados del siglo XVI, etc. La vida es muy breve como para aceptar sin más que se debe vivir cómodamente en la esclavitud…

– ¿Esclavitud?

– Hasta cierto punto, sí. Los bienes de consumo son cada vez más bellos y accesibles; y los medios de comunicación saben cómo generar la necesidad de que el ocio sea un ejercicio de evasión en toda regla, y no de alternativa para el enriquecimiento personal. Me preocupa mi alumnado, que es el referente sobre el que proyecto la imagen del resto de los jóvenes de su edad, cuando se me ocurre pensar que han sido estafados por una sociedad del bienestar que al parecer no les ha exigido nada, que les ha edulcorado el conocimiento y que les ha ofrecido sin esfuerzos lo que tienen, que no son más que bienes de consumo: objetos, necesidades innecesarias, saberes de usar y tirar, píldoras de reflexión que se diluyen en cualquier suspiro… Lo dicho, bienes que se consumen y desaparecen sin dejar huella. Esta es una manera que tienen nuestros jóvenes de estar esclavizados porque les hace depender siempre de terceros para satisfacer sus necesidades básicas, que van, según su punto de vista, más allá de la comida, la salud, un techo y poco más. Siento que lo importante ahora no es sobrevivir como entidad biológica, sino procurar que el ocio se prolongue para que las manecillas del reloj dejen de tener importancia. El ocio, repito, ha perdido incluso su razón de ser porque es una vía de escape hacia ninguna parte. Es una suerte de drogadicción; y toda droga esclaviza.

– Y lo que has dicho tiene que ver con Lecturas civiles en que…

– Básicamente, en que no se preocupan por la validez e importancia de estos documentos históricos cuando tienen alguna idea de su existencia; o manifiestan un desinterés más que evidente por ellos cuando se les ofrece justificadamente que los conozcan, simplemente porque no consideran que les afecten o que les aporten algo a sus vidas. Lo cual no es cierto. Mi alumnado (y estoy siendo injusto porque generalizo) asume la referida esclavitud porque nunca ha visto en peligro su bienestar, porque no le han inculcado la tragedia de las guerras o, por ejemplo, lo que representa la pérdida de la libertad de expresión, a la que apelan más veces de las normales sin saber que las cunetas están llenas de héroes que dieron su vida para que ellos pudiesen hablar sin miedo. Creo que hay que luchar contra la esclavitud mostrándole reglas de juego como las que representan los cuatro documentos históricos de Lecturas civiles. La aludida esclavitud implica ver el mundo desde la comodidad que da el pensar «eso no me afecta, las tragedias de la tele son ajenas a mí…», lo cual, repito, no es cierto. Una prueba: la actual crisis económica. El hecho de que la riqueza no fluya y que las perspectivas de futuro no sean halagüeñas está llenando de frustración a muchas generaciones de jóvenes que, rabiosas e impotentes por el choque frontal que se están dando continuamente contra la cruel realidad (que han deformado y manipulado muchos usando con perversión los términos de democracia, bienestar y «lo público»), están abrazando, con más o menos firmeza, ideologías que hace una década considerábamos ajenas a la actual España. Estoy viendo en esta juventud muchas actitudes favorables hacia las dictaduras, los caudillismos… y eso me estremece.

En este punto, vuelvo a retomar la pregunta inicial de esta entrevista para completar la respuesta: este libro nace con el propósito de sumar esfuerzos a favor de la libertad, la democracia, la concordia… y contra toda forma de gobierno totalitaria, represiva…

-Pero, según has apuntado, este libro se aleja de cualquier pretensión política y percibo algún atisbo de ella en lo que acabas de decir.

-No, no lo creo. Antes expuse que este libro se alejaba de cualquier pretensión política para ceñirse a un fin social. Lo sigo manteniendo. Que gobierne en una democracia un partido de derecha o de izquierda es una cuestión política sobre la que este libro solo tiene alabanzas cuando el acceso al gobierno se hace a través de los mecanismos constitucionales, legales y, sobre todo, democráticos. Ahora bien, cuando el gobierno se ejerce a través de un golpe de estado, cuando surge la figura de un dictador y ello da pie a un estado totalitario, entonces ya no estamos hablando de política, sino de un grave problema social, y ahí no puedo permanecer al margen. El propio dictador Francisco Franco era consciente de la diferencia: ¿no es suya la conocida frase «haga como yo, no se meta en política»? La política en sí no es el problema, sino los mesianismos en política. Cuando se aprende a convivir en paz, libertad, respeto, etc., no hay lugar para las dictaduras ni las cacicadas; y los cuatro documentos que conforman estas «Lecturas civiles», a su manera, contribuyen a que sea posible vivir en esas aludidas paz, libertad, respeto…

– En la contracubierta se puede leer lo siguiente a propósito del objetivo de este libro: «Reflexionar sobre el pasado, el presente y lo que puede y debe ser el futuro a partir de quince términos clave: la buena fe, la concordia, la convivencia, la democracia, la dignidad, la hermandad, la igualdad, la justicia, el orden, el progreso, el respeto, la solidaridad, la tolerancia y, sobre todos, la paz y la libertad». ¿Hasta qué punto esto puede ser un objetivo?

– Si lo que has leído y yo escribí en su momento no sirve como objetivo, creo que mi labor como docente no tiene sentido. En mi valija didáctica llevo marcadas a fuego la defensa y difusión de los quince términos clave enumerados. Si no fuese así, repito, creo que debería dedicarme a otra cosa, pues dejaría de ser un docente, un creyente en lo que hago, para convertirme en un «gestor administrativo de contenidos», y para ser esto no hace falta vocación, sino tener miedo al hambre y estar libre de escrúpulos deontológicos.